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TRANSCRIPCIÓN DE LA PONENCIA PRESENTADA POR LAURA DÍAZ - VII CONGRESO PERIODISMO AMBIENTAL
By adminalana
Creado 11/28/2007 - 06:00

TRANSCRIPCIÓN DE LA PONENCIA PRESENTADA POR LAURA DÍAZ, PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE VECINOS DE LOS ARROYOS Y NAVALQUEJIGO –ASOCIACIÓN ALANA- PARA EL EL VII CONGRESO NACIONAL DE PERIODISMO AMBIENTAL, CELEBRADO EN LA CASA ENCENDIDA DE MADRID EL DÍA 28 DE NOVIEMBRE 2007,BAJO EL LEMA “TERRITORIO AMENAZADO”


CIUDADANOS CONTRA LA DEGRADACIÓN DEL TERRITORIO

En primer lugar quiero agradecer a los organizadores de este Congreso, tanto en nombre de los asociados de ALANA, como en el mío propio, la oportunidad que nos han brindado de exponer en este foro las luces y las sombras con las que nos encontramos los ciudadanos cuando nos enfrentamos en el día a día de lo cotidiano, con cualquiera de los procesos que degradan nuestro territorio.

Voy a intentar -a través de una serie de ejemplos de casos concretos que hemos vivido en la asociación o en grupos vecinos- trazarles un pequeño boceto de un cuadro que pudiera ayudarles a comprender la situación en que nos encontramos los ciudadanos que actualmente estamos luchando contra estos procesos.

Nuestra Asociación de Vecinos se constituyó en el año 2004 con la sana intención de dotar de un mínimo de infraestructura organizativa a las inquietudes vecinales que muchos de nosotros teníamos y la necesidad de buscar cauces de comunicación, que permitieran llevar aquellas inquietudes o solicitudes a las distintas administraciones públicas con capacidad para atenderlas.

La nuestra es una pequeña asociación de vecinos que se constituyó en el año 2004 y que cuenta en la actualidad con una centena de socios.

El barrio en el que estamos, -la verdad es que cuesta trabajo llamarle barrio- es en realidad un conglomerado de urbanizaciones, alejadas unos15 km. del casco urbano del municipio de El Escorial, -del que dependemos administrativamente-, colindante con los términos municipales de Galapagar, Villalba, Guadarrama y Colmenarejo. Acoge una población de hecho cercana a los 6.000 habitantes.

La mayor parte de las urbanizaciones se consolidaron hace ya más de 30 años y sin embargo, las mil y una dificultades de todo tipo que provoca la urbanización dispersa siguen estando a la orden del día entre nosotros:

Falta una adecuada red de transporte público que nos permita ir abandonando el uso del coche privado, las administraciones públicas se muestras incapaces económicamente de mantener en buen estado el sistema de canalizaciones, lo que provoca constantes inundaciones, roturas y vertidos a zonas muy sensibles ambientalmente. Existen incluso urbanizaciones que vierten sus aguas negras a fosas sépticas y ello a escasos 300 metros del río Guadarrama.

El marco natural en el que se encuentra el barrio, en el pie de monte de la Sierra del Guadarrama, junto a los embalse de Valmayor y Los Arroyos, y su situación a 30 km. Madrid, hacen del lugar un enclave único –desgraciadamente- para que confluyan en él los intereses económicos y especulativos origen de la práctica totalidad de los procesos de destrucción de nuestro territorio. Así se nos condena a vivir sin servicios, y vemos como los vacíos legales que provoca una ordenación urbanística deficiente, son rápidamente utilizados para, por ejemplo, -algo que nos está ocurriendo en este último año-, llenar el barrio de presuntos apartamentos turísticos. El suelo que estaba destinado a dotarnos de servicios y usos terciarios de proximidad es reconvertido por medio de sofisticadas técnicas de ingeniería especulativa en edificios destinados a acoger –según nuestras últimas estimaciones- a más de 1.300 turistas, cuando lo cierto es que jamás se vio un solo turista en nuestro barrio y que además las entidades bancarias que financian estos apartamentos ofertan hipotecas a los tipos establecidos para la adquisición de viviendas.

Las parcelas de suelo que los vecinos tuvimos que ceder para que sobre ellas se establecieran las dotaciones públicas que nos permitieran gozar de servicios, son cedidas gratuitamente a colegios privados concertados a los que muchos de nuestros niños no tienen derecho a acceder.

Nuestra historia, nuestros signos de identidad, son también presa de esas mismas técnicas que sólo valoran en términos de mercado muchos de los intangibles asociados a nuestro territorio.

El núcleo medieval de Navalquejigo, un despoblado que cuenta con una de las dos únicas picotas que se conservan en buen estado la Comunidad de Madrid, una Iglesia Fortaleza del siglo XII y uno de los tentaderos más antiguos que se conocen, es actualmente y tras el desalojo de los jóvenes que lo ocupaban, un amasijo de ruinas, cuyos propietarios lo único que parece que hacen es discutir con el Ayuntamiento el aumento de edificabilidad que requiere la modificación del planeamiento para que a ellos les resulte rentable salvarlo de la ruina.

Lo que nos demuestra hasta qué punto nuestro patrimonio histórico y cultural depende única y exclusivamente de la voluntad de esta nueva casta de terratenientes para quienes los valores históricos con los que cuentan sus suelos son simplemente una de las variables que ponderan al alza el valor de cambio de sus propiedades.

Fue ante este panorama que un pequeño grupo de vecinos, decidimos –va a hacer en enero 4 años- constituir la asociación y buscar desde la participación ciudadana soluciones a nuestros problemas.

Por ello, y tras constatar que la legislación ya preveía ciertas normas dirigidas a facilitar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, empezamos a solicitar a las administraciones la información necesaria para poderlo hacer de una manera eficaz.

A nivel municipal, lo primero, como es lógico, requería disponer de la información sobre los asuntos locales que se iban a debatir en los Plenos. Derecho ampliamente reconocido en la normativa local a favor de las Asociaciones de Vecinos. Pues bien, algo tan obvio, tan básico, como que en el domicilio de la asociación se recibieran las convocatorias de los Plenos para saber qué día se iban a celebrar y los asuntos a debatir en ellos, nos costó unos diez escritos, -que no fueron nunca contestados- , varias charlas con el Alcalde, los concejales, y hasta con el Secretario del Ayuntamiento –quien llegó a decir que en el pueblo “el que quiere enterarse de algo se entera”. Ante este tipo de argumentos, evidentemente, de nada sirve explicar que muchos de nosotros estamos pluriempleados, que el barrio está a 15 km del casco histórico y que a las personas de la Junta Directiva que tenemos la responsabilidad de transmitir esta información al resto de los vecinos pues a lo mejor no nos apetece frecuentar los bares donde secularmente “el que quiere enterarse de algo, se entera”. Pasados estos cuatro años y desde hace tres meses, por fin hemos conseguido que el nuevo equipo municipal nos envíe de forma regular un correo electrónico con la convocatoria de los Plenos.

Este es un ejemplo que por lo simple de lo que se pedía pudiera resultar más llamativo y más ilustrativo del nivel real en el que se mueve la participación ciudadana en nuestros pueblos.

La técnica de no contestar a nuestras solicitudes, que podríamos llamar la técnica del ninguneo, es profusamente utilizada por todas las Administraciones sea cual sea el signo político de las mismas. Por poner un ejemplo de Administración de signo político contrario al del anterior, vemos como duerme el sueño de los justos la solicitud que se hizo a la Administración autonómica para obtener información sobre quienes fueron los responsables de que allí donde se talaron unos fresnos centenarios y donde se destinó una ingente cantidad de dinero para replantar nuevos ejemplares, nadie se ocupara del riego de estos últimos y hayan perecido absolutamente todos.

Es triste descubrir cómo esta técnica es utilizada especialmente en aquellas solicitudes en las que los ciudadanos planteamos asuntos relativos al interés general y, sin embargo, la artrósica administración se muestra mucho más capaz para dar respuesta a las solicitudes planteadas para dar satisfacción a los intereses de determinados ciudadanos, con mucha más capacidad para impulsar la actuación de la Administración por las sendas de sus propios intereses económicos. Instituciones creadas en el derecho administrativo para proteger al ciudadano de las arbitrariedades de las administraciones públicas, como la posibilidad de exigir a estas la responsabilidad patrimonial causada por su inactividad o la de hacer valer la ficción jurídica en que consiste el Silencio Administrativo positivo, han sido entregadas como botín de guerra a los poderosos agentes que intervienen en el diseño de nuestro territorio y los ciudadanos nos encontramos sin medios para hacerlas valer.

Técnicas destinadas a dificultar cuando no a acabar con la participación ciudadana hay muchas. La de técnica de la asfixia también es eficaz. Se nos deja sin medios de ningún tipo, ni siquiera se nos facilita un local donde reunirnos, o directamente se nos acusa de maltratar el medio ambiente porque se descascarilla la pintura de las farolas al despegar los carteles donde anunciamos nuestras convocatorias –único medio que tenemos para darnos a conocer al resto de los vecinos- Eso sí, al mismo tiempo se incumple la obligación que les incumbe de instalar tablones de anuncios que sirvan de soporte a aquellos carteles.

La técnica del desgaste les da también muy buenos resultados. Consiste en tenernos entretenidos en acciones que requieren mucho tiempo y dedicación, hasta que descubrimos que no han servido para nada. En pueblos de nuestra misma sierra como Colmenarejo se consiguió implicar a los vecinos para sacar adelante la Agenda 21, una de las grandes herramientas que supuestamente iba a servir para garantizar la sostenibilidad en el diseño del territorio. Tras un considerable esfuerzo de los ciudadanos, al final, para lo único que sirvió fue para que la empresa adjudicataria –en base a las aportaciones realizadas en su mayor parte por los vecinos- realizara un completo documento que ahora debe decorar alguna de las estanterías del Ayuntamiento.

Estos mismos vecinos se embarcaron en la tarea de obtener apoyo para poner en marcha el procedimiento de iniciativa popular que requiere obtener la firma del 15 por 100 de los vecinos. Todo ello para encontrarse con una interpretación de la ley según la cual igual da que la propuesta vaya suscrita por uno que por mil vecinos, porque al final será el Pleno el que impondrá sus mayorías para rechazar la propuesta.

Igual suerte corrió la propuesta de los vecinos de Alpedrete, donde lo que se pretendía era que se sometiera a consulta popular, el PGOU en tramitación, documento vertebrador del territorio por excelencia y en el que los ciudadanos no tenemos posibilidad de intervenir más allá de la pantomima en que se ha convertido el trámite de sugerencias al Avance del Planeamiento.

Y ya, si ninguna de estas técnicas da resultado y todavía queda algún recalcitrante que sigue creyendo en la participación ciudadana, siempre les queda la técnica del miedo. Evidentemente el sistema Al Capone ya no está de moda, -aunque también hay casos denunciados-, pero lo que ahora se estila es más sutil. Nos encontramos con que la última moda son las querellas por delitos varios supuestamente cometidos por los activistas, y especialmente por injurias y calumnias que llegan incluso a dirigirse contra los abogados que denuncian estos casos.

De nada sirve explicarle al Juez que el abogado hizo esas afirmaciones en el ejercicio del derecho a la defensa de sus clientes y mucho menos que existan sentencias firmes que digan que aquellas imputaciones eran ciertas. A la justicia no le tiembla el pulso por sentar en el banquillo a un querellado por infundada que resulte la querella. Basta con que el presunto ofendido tenga el dinero necesario para pagar al abogado que la redacte. Eso sí ya pueden los grupos sin medios económicos denunciar las barbaridades que quieran, que para tramitar estas denuncias no habrá medios en la justicia. Así de adaptado a la lógica neoliberal está nuestro sistema judicial.

Pero bueno, a pesar de todo esto y por milagroso que pueda resultar, todavía existen ocasiones en las que realmente la participación ciudadana da sus frutos y se consigue que las administraciones atiendan nuestras reivindicaciones.

Unas veces es necesaria la confrontación para llamar la atención de las autoridades. Parar el proyecto de construcción de una línea eléctrica de alta tensión que pretendía atravesar nuestro barrio a pocos metros de un colegio, entre casas habitadas y destruyendo el paisaje de uno de los embalses catalogado por la CAM, es algo que se consiguió a partir de una serie de movilizaciones que tuvieron el apoyo de más de un millar de vecinos.

Otras veces es a través de la colaboración con las Administraciones como se va consiguiendo que nuestra opinión sea tenida en cuenta. Por ejemplo, fue aportando nuestras alegaciones como se consiguió que se ampliara el entorno del Territorio Histórico en el Bien de Interés Cultural de la Cerca de Felipe II, para que se incluyera en él el poblado medieval de Navalquejigo y la Cañada Real Segoviana que delimita una parte de nuestro barrio.

Esto se consiguió y sin embargo, en ejemplos como este último es donde se hace especialmente patente la esquizofrenia que se ha instalado en el sistema, así como, el carácter pírrico de muchas de nuestras victorias. No han pasado ni dos años desde que se aprobó el Decreto de declaración de ese Bien de Interés Cultural y en este tiempo, se han aprobado dentro de ese territorio histórico, además de un polígono industrial de 53 Ha., varias modificaciones de planeamiento que van a permitir seguir construyendo más de 200 viviendas en pleno Monte Abantos, en la misma cuenca visual del Monasterio; un desdoblamiento brutal de una de las carreteras que atraviesan ese territorio, la M600 -con afecciones al LIC de la cuenca del Río Guadarrama, a monte preservado y al monte de utilidad pública-, amén de un avance de Planeamiento de San Lorenzo que plantea construir una ciudad dispersa de 7.000 viviendas, al otro extremo del municipio y en una de las fincas históricas mejor preservadas de aquellas que adquirió Felipe II para acotar su bosque real: la finca de Monesterio.

Mención de honor en la categoría de victorias pírricas a la destrucción territorial, - y aunque ello suponga salir del ámbito de la Sierra- creo que habría que darle a la sentencia de 3 de julio pasado del Tribunal Supremo, en la que a los diez años de iniciado el procedimiento se declaró la nulidad de la revisión de 1997 del PGOU de Madrid, por haber desclasificado la práctica totalidad del suelo especialmente protegido que tenía la ciudad y ello sin haber justificado la desaparición de los valores naturales que les hicieron dignos de protección. La sentencia deja en la más absoluta ilegalidad las 135.000 viviendas que se proyectaron en esos suelos. Pero no pasa nada, se preparan unos informes adecuados que digan que no había valores que proteger y se pasa página. Eso sí el mismo día que Público saca la noticia, aparece con gran aparato mediático la tremenda noticia de que cinco presuntos corruptos cobraban comisiones por conceder licencias de actividad, algo que era vox pópuli, hasta el extremo de saberse que hace ya un par de años algunos de ellos fueron juzgados y absueltos por los mismos cargos.

Es fácil de entender que ante este panorama en el que hasta cuando ganamos en realidad perdemos, la desmotivación y un fuerte sentimiento de frustración sea la única respuesta coherente que cabe exigir a la ciudadanía.

Sí es cierto que en el cara a cara con los vecinos, existen unos planteamientos muy similares en cuanto al diagnóstico del problema y un rechazo bastante generalizado a todas las actuaciones identificadas como destructoras de nuestro territorio. Es alrededor de estas convergencias sobre las que vamos consiguiendo en nuestra asociación, que un grupo muy heterogéneo de vecinos pueda trabajar unido a favor del barrio, y ello más allá de la ideología política de cada uno.

Estamos todavía en esa fase de resistencia en la que a lo más que podemos aspirar es a detectar las agresiones contra nuestro territorio, informar a los vecinos y como mucho acometer actuaciones aisladas para intentar pararlas. Este es el motivo por el que en nuestro caso decidimos no presentarnos a las últimas elecciones.

Otros grupos de vecinos como los existentes en Galapagar, -precisamente creando sus convergencias alrededor del rechazo al brutal PGOU presentado por la anterior corporación- han conseguido ya llevar a sus representantes a compartir responsabilidades políticas en coaliciones con los partidos políticos tradicionales.

El caso de los Vecinos de Torrelodones, que partiendo de cero, han conseguido cuatro concejales y han estado a un paso de hacerse con el gobierno del municipio, es realmente impresionante. Sobre todo por la coherencia y la capacidad para conectar con los vecinos que han demostrado a lo largo de todo el proceso.

Pues bien existiendo este alto nivel de convergencia entre los ciudadanos, que con una tremenda madurez han sido capaz de asimilar los planteamientos y voces de alarma que han surgido desde la comunidad científica y la académica, sin embargo, la implicación de cada persona para parar todo esto, difiere muchísimo de unas a otras. 

Frente a la general desmotivación, poco a poco, va surgiendo entre algunos de nosotros la necesidad de hacer algo. Vemos que cuando la acción ciudadana es coherente, fundada y cuenta con un fuerte apoyo de los vecinos, es posible parar alguna de estas actuaciones.

También vamos tomando conciencia de la necesidad de crear vínculos con otros grupos.

Buena prueba de ello ha sido la articulación de redes de asociaciones o la creación de Foros Ciudadanos, en los que los grupos conscientes de las muchas similitudes que se dan en los procesos de destrucción territorial que estamos sufriendo, y de las ventajas que nos acarrearía dar una respuesta común a estos problemas, han empezado a organizarse. Experiencias como la de Ciudadanos contra la Especulación Urbanística en la Comunidad de Madrid, a la que pertenece nuestra asociación o la Coordinadora Ciudadana en Defensa del Territorio a nivel estatal, son buena prueba de ello.

Y ya a modo de conclusión, si me gustaría resaltar un hecho que me parece importante: la absoluta disociación entre la esfera ideal o de pseudo realidad de la que hablan y para la que dictan muchas de sus leyes, los grupos de poder, -sean públicos o privados- y la esfera de la realidad en la que se manifiestan sus actuaciones, que es la que percibimos y en la que nos movemos los ciudadanos.

Se hace necesario abrir canales que comuniquen estos dos mundos. Creo que ahí los periodistas de información ambiental pueden hacer mucho. Simplemente con tomar conciencia de este terrible desajuste y cada vez que desde esa esfera ideal se nos quiera vender a la ciudadanía una nueva infraestructura, un nuevo desarrollo o incluso una ciudad entera del medio ambiente, hablen con los grupos locales, con los miembros de la comunidad científica, de la académica. Busquen los argumentos del mundo real, en el que aquello causará sus efectos. Seguro que su información sale muy enriquecida.

Pedir a los poderes públicos que busquen formas de conectar estas realidades paralelas, ya sea fomentando la participación ciudadana mediante el sencillo método de dotarla de medios para actuar o estableciendo canales de participación efectiva de los ciudadanos en los procedimientos de diseño de nuestro territorio que vayan más allá de las caricaturas en que se han convertido los que existen en la actualidad. Es algo que como es lógico también debemos exigir desde la ciudadanía.

Evidentemente ello se puede hacer desde la ingenuidad de pensar que en esos poderes públicos alguien quiere de verdad que los ciudadanos participemos emancipadamente en frenar cualquiera de los procesos de destrucción de nuestro territorio, o bien, desde la constatación de que mientras no se renueve el espíritu de las clases insatisfechas, hasta que nuevamente el ser humano no tome conciencia de la necesidad de movilizarse contra la injusticia del actual sistema, a lo más que podemos aspirar, es a dejar testimonio de que mientras quedó algo por proteger hubo algunos que lo intentamos.

Estos son sólo dos planteamientos de los posibles para estar a este lado de la barrera, aunque existen tantos como personas quieran involucrarse en esta lucha.

No me queda más que agradecerles su atención y quizá también gritarles como hacían los estudiantes que se manifestaban en los años 80, a quienes les mirábamos pasar desde un 7º piso en la Gran Vía madrileña, “NO NOS MIRES TÍRATE”.

Gracias

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